En este Tercer Domingo del Tiempo Ordinario, leemos que Jesús llama a cuatro hombres a seguirlo: Pedro y su hermano Andrés, y dos hijos de Zebedeo: Santiago y Juan. Leemos en Mateo:
“Mientras caminaba a orillas del mar de Galilea, Jesús vio a dos hermanos: a Simón, llamado Pedro, y a su hermano Andrés, que echaban las redes al mar porque eran pescadores. Entonces les dijo: ‘Síganme, y yo los haré pescadores de hombres’. Inmediatamente, ellos dejaron las redes y lo siguieron. Continuando su camino, vio a otros dos hermanos: a Santiago, hijo de Zebedeo, y a su hermano Juan, que estaban en la barca de Zebedeo, su padre, arreglando las redes; y Jesús los llamó. Inmediatamente, ellos dejaron la barca y a su padre, y lo siguieron” (4: 18-22).
La Biblia no dice nada sobre la edad de los primeros apóstoles, pero muchos creen que probablemente eran adolescentes, y que Pedro era el mayor, de unos 20 años.
Al igual que Pedro, Andrés, Santiago y Juan, cada uno de nosotros está llamado, en virtud de su bautismo, a ser seguidores de Jesús. Y al igual que los apóstoles, estamos lejos de ser perfectos; somos “obras en progreso”. Afortunadamente, Dios está dispuesto a ayudarnos en el camino de nuestra vida mientras nos esforzamos por usar nuestros dones para servirle a él sirviendo a los demás.
En 2019, el Papa Francisco declaró el Tercer Domingo del Tiempo Ordinario como el Domingo de la “Palabra de Dios” para los cristianos católicos. Este sería un buen momento para renovar su amor por la Biblia y la riqueza que contiene.
