Samuel Ruiz García nació el 3 de noviembre de 1924 en Guanajuato, México, el mayor de cinco hijos. Su padre, Maclovio Ruiz Mejía, trabajaba en la agricultura, y su madre, Guadalupe García, era empleada doméstica para familias de clase alta. Durante su infancia, los católicos mexicanos vivieron la Guerra Cristera (1926-1929), cuando los católicos lucharon contra las leyes anticatólicas del gobierno mexicano.
Samuel estudió la preparatoria y el seminario en León, Guanajuato. Fue ordenado sacerdote en 1949 y obtuvo un doctorado en Sagrada Escritura por la Universidad Gregoriana de Roma en 1952. Como nuevo sacerdote, el Padre Samuel enseñó filosofía y teología en el seminario de León.
En 1960, el Padre Samuel fue consagrado obispo y nombrado ordinario de la Diócesis de San Cristóbal de las Casas de Chiapas, México. Ocupó este cargo hasta su jubilación en el año 2000.
La década de 1960 fue una época increíblemente emocionante y revolucionaria para la Iglesia Católica, y Samuel se sintió profundamente afectado por tres cosas que marcarían el resto de su vida como pastor.
En primer lugar, visitó cada rincón de su diócesis y se sintió profundamente afectado por la pobreza extrema y la marginación de la gente, especialmente de los indígenas mayas. Decidió hacer todo lo posible por las personas a las que servía.
En segundo lugar, el obispo Samuel se vio influenciado por el Concilio Vaticano II (1962-1965). El Concilio, convocado por el Papa San Juan XXIII, instó a los cristianos católicos a volver a sus raíces. Las misas se celebraron de nuevo en el idioma del pueblo, como en la Iglesia antigua. Se animó a la gente a conocer mejor la Biblia. Se recordó a los laicos que ellos también estaban llamados a ser ministros como resultado de su bautismo y que compartían el sacerdocio de todos los creyentes.
Y, en tercer lugar, el obispo Samuel se vio influenciado por la Teología de la Liberación, que se extendió por los países latinoamericanos. Esta teoría rechazaba la idea de que la opresión fuera la voluntad de Dios para los pobres y marginados. La Teología de la Liberación sostenía que los cristianos están llamados a intentar construir el Reino de Dios en esta vida, un reino basado en el amor, el respeto y la justicia para todas las personas, pues todas son hijos de Dios.
En 1968, muchas de las ideas que el obispo Samuel había formulado se solidificaron en lo que se conoció como la “Conferencia de Medellín” de 1968. La conferencia afirmó su idea de que la raíz de la pobreza y la opresión en América Latina era un problema sistémico que surgió del expansionismo y el desarrollo del imperialismo de Estados Unidos.
La Teoría de la Liberación, combinada con el renovado enfoque en los derechos y responsabilidades de los laicos católicos para construir un mundo mejor, dio lugar a una serie de innovaciones nuevas y emocionantes en las iglesias latinoamericanas. Y, el obispo Samuel, como presidente del Departamento de Misiones de la Conferencia Episcopal Latinoamericana (CELAM), estuvo a la vanguardia del cambio. Pronto, los sacerdotes católicos se encontraron impulsando pequeñas comunidades de base en sus parroquias, aprendiendo lenguas nativas, y luchando junto a sus feligreses por salarios y condiciones laborales justos.
Samuel se convirtió en una figura muy conocida y venerada como principal mediador entre las fuerzas rebeldes y los funcionarios del gobierno.
El obispo Samuel hizo todo lo posible por servir al pueblo y fue nominado al Premio Nobel de la Paz en tres ocasiones.
Samuel se jubiló como obispo de la Diócesis de San Cristóbal de las Casas (Chiapas) el 13 de marzo de 2000 y falleció el 24 de enero de 2011 en la Ciudad de México, la ciudad más grande de Norteamérica.
